Sábado, 25 de Mayo de 2013
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LA PEREZA Y LA ACEDIA

R.P. Dr. Miguel Ángel Fuentes, I.V.E.

II. LA ACEDIA

2. Psicología de la acedia

Psicológicamente la acedia entraña: a) una percepción errónea del bien (al acedioso le parece bueno lo que produce deleite -al menos espiritual-, y para él es malo lo que produce dolor); b) un desplazamiento en el objeto del amor: se ama el consuelo del bien o de la virtud, y no el bien y la virtud por sí mismos (en esto la acedia, como la pereza en general, entraña un movimiento de sensualidad); c) consecuentemente se produce una parálisis, o incluso una huida, en la ascética de la virtud a causa de la cruz que ésta comporta (en esto la acedia entraña un movimiento de temor y de fuga).

Hay que tener en cuenta que la acedia, en cuanto tristeza del bien divino, no siempre es plenamente voluntaria. Ocurre a veces que afecta sólo la sensibilidad, como una manifestación de la resistencia de la carne contra el espíritu, y por eso la impresión de apatía por las cosas del espíritu se manifiesta incluso en las almas mejor impulsadas hacia la santidad (San Juan Clímaco dice que esta tentación acompaña al solitario durante toda su vida para no dejarlo sino en el momento de su muerte. Santo Tomás reconoce que 'en los hombres perfectos pueden darse movimientos imperfectos de acidia al menos en la sensualidad, porque nadie es tan perfecto que no permanezca en él alguna contrariedad de la carne hacia el espíritu' [22] ).

En el origen de una crisis de acedia pueden hallarse diversas causas: la fatiga corporal, el sueño, el hambre, tentaciones muy frecuentes o muy violentas, una prolongada ausencia de consuelos sensibles, un despecho resultado de fracasos reales o aparentes en la lucha contra el mal o reprensiones más o menos merecidas, o bien la simple monotonía de los ejercicios regulares del espíritu, e incluso la necesidad del cambio que nos es natural. Así se lee en San Juan de la Cruz: '...estas sequedades podrían proceder muchas veces... de pecados e imperfecciones, o de flojedad y tibieza, o de algún mal humor o indisposición corporal' [23] . Santa Teresa le asigna como causa las faltas deliberadas: 'Como crecieron los pecados, comenzóme a faltar el gusto y el regalo en las cosas de virtud. Veía yo muy claro, Señor mío, que me faltaba esto a mí por faltaros yo a Vos' [24] .

La acedia, como la pereza, es muy grave en sus consecuencias, pues no sólo empuja a la ociosidad sino que conduce al relajamiento y a la tibieza, siendo así preludio de la ruina espiritual.

Como señala San Juan de la Cruz, la acedia (aunque acose al hombre espiritual a lo largo de toda su vida) es un defecto más propio de los principiantes en el camino de la perfección. Esto es así porque se relaciona con varios defectos de los incipientes: el mendigar sabor o consuelo en las cosas espirituales, el buscar la propia voluntad en lugar de la Voluntad divina, el huir de la cruz: 'También acerca de la acidia espiritual, suelen tener tedio en las cosas que son más espirituales y huyen de ellas, como son aquellas que contradicen al gusto sensible; porque, como ellos están tan saboreados en las cosas espirituales, en no hallando sabor en ellas las fastidian. Porque, si una vez no hallaron en la oración la satisfacción que pedía su gusto (porque en fin conviene que se le quite Dios para probarlos), no querrían volver a ella, o a veces, la dejan o van de mala gana. Y así, por esta acidia, posponen el camino de perfección, que es el de la negación de su voluntad y gusto por Dios, al gusto y sabor de su voluntad, a la cual en esta manera andan ellos por satisfacer más que a la de Dios. Y muchos de éstos querrían que quisiese Dios lo que ellos quieren, y se entristecen de querer lo que quiere Dios, con repugnancia de acomodar su voluntad a la de Dios. De donde les nace que, muchas veces, en lo que ellos no hallan su voluntad y gusto, piensen que no es voluntad de Dios; y que, por el contrario, cuando ellos se satisfacen, crean que Dios se satisface, midiendo a Dios consigo, y no a si mismos con Dios, siendo muy al contrario lo que él mismo enseñó en el Evangelio (Mt 16,25), diciendo que el que perdiese su voluntad por él, ése la ganaría, el que la quisiese ganar, ése la perdería. Estos también tienen tedio cuando les mandan lo que no tiene gusto para ellos. Estos, porque se andan al regalo y sabor del espíritu, son muy flojos para la fortaleza y trabajo de perfección, hechos semejantes a los que se crían en regalo, que huyen con tristeza de toda cosa áspera, y oféndense de la cruz, en que están los deleites del espíritu; y en las cosas más espirituales más tedio tienen, porque, como ellos pretenden andar en las cosas espirituales a sus anchuras y gusto de su voluntad, háceles gran tristeza y repugnancia entrar por el camino estrecho, que dice Cristo (Mt 7,14), de la vida' [25] .


[22] De malo , 11,3 ad 1.

[23] San Juan de la Cruz, , Noche oscura , I, c. 9,1.

[24] Santa Teresa de Jesús, Vida , 7,1.

[25] San Juan de la Cruz, Noche oscura , I, c. 7, 2-4.

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